TERTULIA, de Ángeles Santos

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ÁNGELES SANTOS TORROELLA
Tertulia, 1929
Óleo sobre lienzo
130 x 193 cm
Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Madrid

Ángeles Santos Torroella (Portbou,1911 – Madrid, 2013), pintora e ilustradora, fue una artista precoz entregada al arte de vanguardia de manera fortuita, cercana al surrealismo y al expresionismo, acaparados a posteriori su atención y su trazo por el cubismo y el postimpresionismo y admirada por figuras de la talla de Juan Ramón Jiménez, Ramón Gómez de la Serna, Federico García Lorca y Jorge Guillén, todos ellos intelectuales de la Generación del 27.

Comenzó a pintar a la edad de 14 años y a lo largo de su niñez y adolescencia vivió a caballo entre Girona (provincia en la que nació y en la que residía su familia materna), Salamanca (ciudad natal de su padre), Sevilla (donde fue internada en el colegio de las Esclavas del Sagrado Corazón) y Valladolid (donde llevó a cabo sus pinturas más icónicas y trascendentes). Durante su estancia en Valladolid recibió clases particulares del pintor italiano Cellino Perroti y fue por entonces cuando, tras participar en una exposición colectiva de artistas vallisoletanos, la cual tuvo a bien impulsar la Academia de la Purísima Concepción y que fue consecuentemente organizada por el Ayuntamiento de Valladolid, sus obras se constituyeron en el objetivo de la crítica: tanto por el carácter espontáneo e ingenuo que a estas les transfería su autora, como por la temprana edad de la misma, que no contaba más de 16; este hecho favorable catapultó a la joven artista a la vida pública, a una creatividad y productividad desbordantes y al acontecimiento que sin duda marcaría su trayectoria: el nacimiento de sus obras más representativas (como es el caso de la que nos ocupa). En adelante, Ángeles Santos iniciaría una carrera de vaivenes en su relación con el arte, experimentando una serie de crisis artísticas que irían a desembocar en períodos marcados por su inactividad pictórica.

Entre sus obras más destacadas encuentra un merecido reconocimiento “Tertulia”, un cuadro de grandes dimensiones incluido en el libro Las cien mejores obras del siglo XX: historia visual de la pintura española, de Francisco Calvo Serraller. Es este un trabajo desvinculado del tratamiento naíf por el que la artista se halló atraída y explotó desde sus inicios. De una forma que podríamos definir como enigmática, Ángeles Santos fue capaz de inducir el nacimiento de una composición que, lejos de la naturaleza onírica de sus producciones previas, vino a conformar el resultado de un sentimiento, primariamente latente, que se manifestó ex profeso en esta obra. En la España de los años 30, la mujer se encontraba sometida y bajo el control de la sociedad patriarcal de la época. Así como no estaba bien visto que las mujeres se personaran en los cafés, donde polemizar y compartir impresiones con otras personas, sí lo estaba el encierro al que eran abocadas en un intento más que insultante de privarlas de su libertad. En el cuadro vemos, pues, a cuatro mujeres en un ambiente doméstico, precisamente el lugar al que estaban relegadas para realizar sus tertulias. Ángeles Santos vivió inmersa en semejante panorama y aun sin ser consciente, quizá, de ello, no solo reflejaba en esta escena los principios de la Nueva Objetividad, el movimiento artístico que surgió en Alemania allá por los años 20 del pasado siglo y cuya principal característica quedaba representada en la huída frente al arte emocional, sino que también denunciaba la realidad del momento sirviéndose de su talento y su experiencia para retratarla.

SIN PAN Y SIN TRABAJO, de Ernesto de la Cárcova

1777
ERNESTO DE LA CÁRCOVA
Sin pan y sin trabajo, 1893
Óleo sobre tela
125 x 216 cm
Museo Nacional de Bellas Artes, Buenos Aires

Ernesto de la Cárcova (Buenos Aires, 1866-1927), entregado a la pintura desde muy corta edad, constituye una de las figuras que en la década de los ochenta, del siglo XIX, se afanó en introducir la corriente del impresionismo en Argentina, dada ad hoc la gran influencia que en él había ejercido el movimiento impresionista francés. Fue en Buenos Aires, en la Sociedad Estímulo de Bellas Artes, donde de la Cárcova inició sus estudios artísticos bajo las directrices del maestro italiano Francesco Romero, que, admirado por la práctica pictórica de su aprendiz, mucho tuvo que ver en la nueva dirección que tomaría la carrera del artista. Su destino fue Italia: en 1885, Ernesto de la Cárcova ingresó en la Real Academia Albertina de Turín y, tutelado por el pintor Giacomo Grosso, continuó sus estudios a la par que absorbía toda innovación y peculiaridad derivadas de la pintura europea, ello sin jamás permitirse vacilación alguna que fuese a resultar en que su amada Buenos Aires cayese en el olvido. Así es que tras unos fructíferos años en Turín y Roma regresó a su patria. De nuevo en su ciudad natal, de la Cárcova dedicó sus días a completar una obra que, iniciada en Roma, devendría en su pintura más conocida y en uno de los pilares de la historia del arte en Argentina: “Sin pan y sin trabajo”. Se trata de una obra naturalista que revela la veleidosa realidad del momento y que, por consiguiente, se presta a la denuncia de la crisis política y social que, por aquel entonces, oprimía tal que deletérea víbora la clase trabajadora argentina.

El cuadro, finalizado en 1893, si bien fruto de la objetividad propia del estilo naturalista, bebe también de las fuentes del impresionismo (corriente que tan significativa impronta había dejado en su autor) y de la necesidad de alzar la voz. A Buenos Aires había arribado una masa de inmigrantes europeos (españoles e italianos) que, amén de asentarse en la capital y sus alrededores, trajo consigo el vigor de una ideología imbricada con el movimiento obrero. La sonada “crisis del crecimiento” tuvo lugar en el año 1890, tres años antes de que Ernesto de la Cárcova hubiese concluido su obra; fue una de las peores crisis económicas que hasta el momento había sacudido el país e inmersos en semejante clima, demasiados fueron los obreros que perdieron su trabajo. La incertidumbre y el hambre “cayeron” pesados como el plomo.

Podemos observar una familia en la escena. Es una familia que carga con la losa del arbitrio de los poderosos, de la mala gestión de los que levantan la cabeza amparados en la detentación de un cargo importante. La indignación toma forma en la actitud del hombre; la incredulidad y el dolor visten a una madre que mucho duda de, en adelante, poder alimentar a su hijo; la miseria se cierne sobre ellos y fuera, el desalentador panorama se proyecta en desgracia para los inocentes. Desafortunadamente, una realidad similar es la que en la actualidad les ha tocado vivir a muchas personas que ni para comer tienen. A este respecto, una abultada cantidad de palabras, en procesión, podría servirme para describir la situación que acontece en nuestros días; sin embargo, me permito remitirles a una noticia de reciente actualización: sirva para evitarme mayor dolor, pues escribir representa en gran medida sentir lo que se escribe. Así, egoístamente quizás, me abstengo ahora y por ello… les pido disculpas, mis queridos/as lectores/as.

“En invierno pongo a los hijos a vivir a oscuras”

Solo queda decir que Ernesto de la Cárcova no continuó en la línea que había dibujado con tan admirable trabajo; su pintura posterior seguiría por otros derroteros, aunque nos deja, sin duda, una emblemática muestra de compromiso, valor y empatía.

LA LIBERTAD GUIANDO AL PUEBLO, de Eugène Delacroix

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EUGÈNE DELACROIX
La libertad guiando al pueblo, 1830
Óleo sobre lienzo
259 x 325 cm
Museo del Louvre, París

Eugène Delacroix (Saint Maurice, 1798 – París, 1863), dibujante, pintor, acuarelista y litógrafo, es el gran representante del Romanticismo francés, se le considera precursor de la pintura moderna y en esta última línea es que se convertiría en una figura admirada por muchos de los impresionistas de finales del siglo XIX. Aunque nato en el seno de la familia del político Charles Delacroix, se da prácticamente por sentado que fue hijo natural del diplomático frances Talleyrand-Périgord, realidad esta que explicaría el hecho de que al joven Delacroix nunca le faltaron protección y encargos oficiales.

Sus trabajos se presentan bajo una notable influencia del estilo pictórico de Géricault y de Goya, siendo la obra del pintor español objeto de estudio del artista. A la par, sintió una profunda admiración por maestros de la talla de Rubens y Veronés, en pintura, y Dante y Shakespeare, en literatura, fascinación que dejaría su impronta en las vibrantes y exóticas creaciones de Delacroix. De sus trazos emerge la sensibilidad, el dramatismo, una poderosa imaginación y el estudio, en profundidad, del cromatismo, características todas ellas de la integridad de su obra.

Su cuadro más célebre, “La libertad guiando al pueblo”, responde a una historia alegórica que conmemora las Tres Gloriosas de 1830. Se trata de un homenaje a todos los insurrectos de París que, tras la revolución, alcanzaron el derrocamiento de la monarquía extremista de Carlos X, el cual albergaba claras intenciones de suprimir el Parlamento y de restringir la libertad de prensa. En la obra convergen una composición de rigor y el dinamismo de las figuras representadas. En el centro, destaca la alegoría de la libertad con la bandera tricolor alzada en señal de triunfo, muestra de que el pintor se aventuraba a transmitir, con las formas recias de la mujer y la parte superior de su cuerpo al desnudo, la capacidad de resolución de los revolucionarios franceses. El pueblo la sigue, enardecido. Delacroix retrata con intensidad la “liberación” de los parisinos y suscita, también, un halo del sufrimiento acaecido dada, por defecto, la arbitrariedad de las clases dominantes. La presentación de la obra, un año después de ser creada, causó, como es de esperar, el estupor y un considerable escándalo en la sociedad de la época. No obstante, comprobemos como incluso, a día de hoy, una mente desequilibrada es capaz de conducir a la acción tan curioso episodio de ¿tintes fanáticos? Solo lean y opinen:

“Delacroix, vandalizado en el Louvre de Lens y rehabilitado en una hora”

MASACRE DEL 9 DE ABRIL, de Débora Arango

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DÉBORA ARANGO PÉREZ
Masacre del 9 de abril, 1948
Acuarela
77 x 57 cm
Museo de Arte Moderno, Medellín (Colombia)

Débora Arango (Medellín, 1907 – Envigado, 2005), pintora y acuarelista, estudió en el colegio María Auxiliadora de Medellín, con las monjas salesianas, y fue una de las hermanas quien advirtió el talento de la niña Débora y la instó firmemente a dedicarse al arte. Arango pronto encontró su mentor en el muralista colombiano, y director de la Escuela de Bellas Artes de Medellín, Pedro Nel Gómez (1899-1984). La artista quedó impresionada con el trabajo del maestro: sus frescos, aquel aire revolucionario en su estilo, la expresividad en sus obras…

A sus 32 años, Débora exhibió, aún bajo la tutela de Gómez y por primera vez en la historia de la pintura de su país, un par de desnudos que desataron el escándalo en la sociedad de su tiempo. Aunque las críticas sobrevinieron en aluvión. La joven artista no solo se había atrevido a pintar desnudos sino que, en adelante, dedicaría su audacia y energía a la denuncia social, motivada, en gran parte, por los violentos episodios que acontecieron en la ciudad de Bogotá el 9 de abril de 1948, conocidos con el nombre de El Bogotazo e iniciados tras el indigno asesinato del candidato liberal a la presidencia de Colombia, Jorge Eliécer Gaitán, por Juan Roa Sierra, el cual fue engullido ipso facto por las fauces de una muchedumbre más que encolerizada.

Débora reconstruyó los terribles hechos arriba referidos en su acuarela “Masacre del 9 de abril”; no fue testigo ocular de los acontecimientos pero sí capaz de plasmar en esta obra la sordidez y crueldad que como verdaderas armas de aniquilación devastaron la ciudad.
En la escena, situada frente a una iglesia, liberales y conservadores empuñan el terror y, a su paso, siembran la muerte. También el sarcasmo, a través de los gruesos y expresivos trazos de Arango, se abre paso entre la turba: curas y monjas partícipes de la confusión; intentando huir, al parecer, de una masa feroz de irracionalidades. La indignación y la crítica se hicieron visibles, el cambio al que clamaban ya era otra historia.

CUMBRE, de Andrés García Ibáñez

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ANDRÉS GARCÍA IBÁÑEZ
Cumbre, 2001
Óleo sobre tela
97 x 195 cm
Museo Casa Ibáñez, Olula del Río

Andrés G. Ibáñez nace en Olula del Río (Almería) el 24 de septiembre de 1971.
Se inicia en el Arte, a muy temprana edad, gracias a la figura de su abuelo materno, José Ibáñez Fábrega (artesano, tallista, pintor, dorador, ebanista, músico e inventor) y llegará a verse influenciado y guiado por la obra pictórica de Francisco de Goya, en especial, y de otros maestros clásicos de la pintura, tales como Velázquez o Rembrandt, a lo largo de su trayectoria artística, de la cual emana una soberbia calidad técnica, compromiso con el entorno y espíritu de autoexigencia.

García Ibáñez, arquitecto, escultor, fotógrafo y ante todo pintor, funda en los años 90 su propia casa-museo-taller en Olula del Río, un espacio primariamente concebido para vivir y desarrollar su actividad creadora y el cual, más tarde, pasará a conocerse como Museo Casa Ibáñez, inaugurado oficialmente en 2004.

“Cumbre” pertenece a la serie Mediocres, una de las 34 series en las que ha sido organizada la obra de Andrés al completo (pintura, escultura y fotografía). Se trata de una serie impregnada del inconformismo y la rebeldía propios del artista ante aspectos evidentes de la realidad que nos rodea. García Ibáñez destapa, con buena parte de su trabajo, la lacra que ha caracterizado a las clases dirigentes desde tiempos inmemoriales y, para ello, se sirve de la ironía, utilizada con ingenio y con la cual pretende llegar al público sin prescindir de la respetuosidad. Fruto de su visión del mundo nace la crítica al statu quo, una crítica que se declara per se en pos de un intento bienintencionado de convocar al cambio también mediante el talento y la constancia.

Con “Cumbre”, la obra que nos ocupa, es fácil evocar la perpetuación de la posición que vienen ejerciendo los mediocres. Los mediocres ocupan los puestos más altos en la sociedad porque se caracterizan por ser sumamente serviles y capaces, a su vez, de rebajarse ante la “superioridad” de las multinacionales. Los vemos aquí atenazados, inutilizados; han perdido la libertad y el juicio, y cabría añadir que constituyen el blanco de una patente militarización.

LOS CUATRO DICTADORES, de Eduardo Arroyo

Imágen de la obra pictórica "Los cuatro dictadores", del madrileño Eduardo Arroyo

Eduardo Arroyo nace en Madrid, el 26 de Febrero de 1937.
Periodista de vocación y poseedor de grandes aptitudes para la pintura, allá por el año 1958, Arroyo (al igual que muchos otros compatriotas) decide salir de España, pues el gobierno del país está en manos del militar y dictador Francisco Franco, y ante esta realidad el clima se torna insoportable. Así, se dirige a París, donde entra en contacto con los exiliados españoles. Este hecho enardece su crítica al régimen franquista y el sentimiento cristaliza de facto en muchas de sus obras.

El políptico “Los cuatro dictadores” (dado a conocer en 1963) constituye una de las creaciones más trascendentes en el conjunto de su obra.
Se trata de una figuración artística, derivada de la estética del pop art, con la que Arroyo critica de manera mordaz los cuatro regímenes dictatoriales implantados en aquellos momentos, en diferentes países, y liderados por los personajes que aquí representa, a saber: Mussolini, Franco, Salazar y Hitler.
Las figuras aparecen con las vísceras al descubierto. Arroyo metaforiza así la convergencia de miedos, pensamientos y sentimientos de los que estos personajes eran víctimas a la par que ejercían el totalitarismo y una brutal represión.

Esta serie de retratos muestra, en definitiva, ciertos elementos iconográficos que revelan el eclecticismo propio del arte y, a su vez, contienen el valor de la denuncia política.

Actualmente, hay quienes opinan que determinadas organizaciones españolas se ocultan bajo una máscara sutil mientras “reclaman honor para un dictador, e intentan aplicar la censura y coartar la libertad de expresión…”. (Encontraréis el enlace a la página bajo estas líneas). Ahora cada cual, independientemente de los tintes ideológicos que dicho texto pueda proyectar, es libre para reflexionar sobre su lectura y extraer conclusiones.

Enlace al texto “¿Franco ha muerto? La censura entonces y hoy”