Poderoso satírico fue don Francisco

La aparición televisiva de don Francisco de Quevedo en la serie Alatriste nos da pie a recuperar una de las grandes figuras de la sátira en castellano. Un gran artista, que repartió a diestro y siniestro, criticando todo lo que consideraba criticable (memorable es su disputa con don Luis de Góngora, ese “hombre a una nariz pegada”). Un hombre que transitó desde el halago a un régimen que nacía a ser el principal azote de un ministerio que se derrumbaba. Un literato que con su pluma glosó las glorias y expectativas y criticó las miserias. En estas últimos nos centraremos.

El contexto es el gran Siglo de Oro. Esa centuria en la que las letras castellanas alcanzaron un nivel sin par, en el que convivieron desde Cervantes hasta Quevedo, pasando por don Lope de Vega o Pedro Calderón de la Barca. Nombres cuyos trabajos siguen siendo obras cumbre. En lo político, Quevedo (1580-1645) vivió su madurez personal durante dos valimientos (lo que vendría a ser una especie de primer ministro no institucionalizado del rey). Primero, el de un sátrapa como el duque de Lerma, cuyo valimiento (1598-1618) estuvo caracterizado por la corrupción y operaciones con pingües beneficios para los que estaban arriba. Luego vino el conde-duque de Olivares, cuyo ministerio (1621-1643) transitó desde unos iniciales años ilusionantes llenos de nuevos proyectos hasta unos años postreros repletos de fiascos y rebeliones.

¿No ha de haber un espíritu valiente?

¿Siempre se ha de sentir lo que se dice,

Nunca se ha de decir lo que se siente?

Don Francisco de Quevedo era un literato que no estaba dispuesto a que nadie ni nada le cerrara la boca (No se ha de callar, por más que con el dedo, / ya tocando la boca o ya la frente, / silencio avises o amenaces miedo). Pero en un principio fue favorable a Olivares, a quien dedicó su Política de Dios, gobierno de Cristo. Pero las medidas adoptadas por el valido le fueron distanciando paulatinamente hasta pasar a ser un fervoroso enemigo de conde-duque. Es precisamente esta etapa la más fructífera, pues en ella criticó con todo su talento un ministerio que consideraba perjudicial para su rey y el reino. De ahí que a éste le dedicará un padrenuestro. O realizara otras obras como su perdida Quien más miente medra más, escrita conjuntamente con Antonio de Mendoza. O apuntara que “poderoso caballero es don Dinero”. Y tantos y tantos grandes trabajos. Y fue la crítica lo que, entre otros motivos, hizo que fuera arrestado en 1639.

Merece la pena acercarse a los trabajos de don Francisco, pues no en vano, sus sátiras han dado pie a que se hable de un auténtico “ciclo de Quevedo” (Egido, Teófanes: Sátiras de la España Moderna, Alianza editorial, Madrid, 1973). Un hombre crítico con la sociedad y al poder de su época –aunque también observemos el lado contrario, el halago y alabanzas-. “El más célebre de los satíricos españoles”.

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