LA LIBERTAD GUIANDO AL PUEBLO, de Eugène Delacroix

79. delacroix-libertad-guiando-al-pueblo
EUGÈNE DELACROIX
La libertad guiando al pueblo, 1830
Óleo sobre lienzo
259 x 325 cm
Museo del Louvre, París

Eugène Delacroix (Saint Maurice, 1798 – París, 1863), dibujante, pintor, acuarelista y litógrafo, es el gran representante del Romanticismo francés, se le considera precursor de la pintura moderna y en esta última línea es que se convertiría en una figura admirada por muchos de los impresionistas de finales del siglo XIX. Aunque nato en el seno de la familia del político Charles Delacroix, se da prácticamente por sentado que fue hijo natural del diplomático frances Talleyrand-Périgord, realidad esta que explicaría el hecho de que al joven Delacroix nunca le faltaron protección y encargos oficiales.

Sus trabajos se presentan bajo una notable influencia del estilo pictórico de Géricault y de Goya, siendo la obra del pintor español objeto de estudio del artista. A la par, sintió una profunda admiración por maestros de la talla de Rubens y Veronés, en pintura, y Dante y Shakespeare, en literatura, fascinación que dejaría su impronta en las vibrantes y exóticas creaciones de Delacroix. De sus trazos emerge la sensibilidad, el dramatismo, una poderosa imaginación y el estudio, en profundidad, del cromatismo, características todas ellas de la integridad de su obra.

Su cuadro más célebre, “La libertad guiando al pueblo”, responde a una historia alegórica que conmemora las Tres Gloriosas de 1830. Se trata de un homenaje a todos los insurrectos de París que, tras la revolución, alcanzaron el derrocamiento de la monarquía extremista de Carlos X, el cual albergaba claras intenciones de suprimir el Parlamento y de restringir la libertad de prensa. En la obra convergen una composición de rigor y el dinamismo de las figuras representadas. En el centro, destaca la alegoría de la libertad con la bandera tricolor alzada en señal de triunfo, muestra de que el pintor se aventuraba a transmitir, con las formas recias de la mujer y la parte superior de su cuerpo al desnudo, la capacidad de resolución de los revolucionarios franceses. El pueblo la sigue, enardecido. Delacroix retrata con intensidad la “liberación” de los parisinos y suscita, también, un halo del sufrimiento acaecido dada, por defecto, la arbitrariedad de las clases dominantes. La presentación de la obra, un año después de ser creada, causó, como es de esperar, el estupor y un considerable escándalo en la sociedad de la época. No obstante, comprobemos como incluso, a día de hoy, una mente desequilibrada es capaz de conducir a la acción tan curioso episodio de ¿tintes fanáticos? Solo lean y opinen:

“Delacroix, vandalizado en el Louvre de Lens y rehabilitado en una hora”

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