La mejor lección de tu vida

Querido lector, en estos momentos me dispongo a darte la mejor lección que jamás hayas recibido. Habrás escuchado una y otra vez palabras pronunciadas por catedráticos, economistas y filósofos. Las habrás escuchado, además, con atención y persistencia, intentando aprovechar cada sílaba, cada atisbo de profecía, siempre preguntándote por qué son tan sabios, por qué hasta, a veces, son capaces de predecir los nuevos acontecimientos que marcarán nuestras vidas… Y, sin embargo, ninguna de esas clases magistrales han sido o serán tan especiales como la que hoy vas a recibir.

Pero vamos despacio. Sin prisa, pero sin pausa. Empezaremos con un ejercicio práctico. Quiero que leas las siguientes palabras y pienses en lo primeo que te venga a la cabeza.

“Hoy resulta que es lo mismo
ser derecho que traidor,
ignorante, sabio, chorro,
generoso, estafador.
Todo es igual; nada es mejor;
lo mismo un burro que un gran profesor.
No hay aplazaos ni escalafón;
los inmorales nos han igualao.
Si uno vive en la impostura
y otro roba en su ambición,
da lo mismo que sea cura,
colchonero, rey de bastos,
caradura o polizón”.

¿Y bien? ¿En qué estabas pensando? ¿Crees que podía hacer referencia a Pujol? ¿Tal vez al pequeño Nicolás? ¿A ese gran empresario y político que duerme en su lujosa casa mientras tú te levantas ojeroso a las 7 de la mañana pensando en cómo pagar las facturas?

¿Y qué ocurre si te digo que estas palabras se escribieron hace exactamente 70 años? ¿Y si resulta que hablan del marco político y social de la Argentina de 1935?

Aunque parezca mentira, estas palabras forman parte de un antiquísimo tango compuesto por Enrique Santos Discépolo, titulado “Cambalache”.  Una canción que muchos conocerán, dado que se ha convertido en uno de los iconos del tango argentino, sobre todo por su contenido cargado de represarías hacia la clase política y alta sociedad argentina. Un tango que nos habla de una verdad universal y atemporal: la del poder y el dinero como única meta, la de la injusticia, la de la falta de valores.

 

 

Discépolo creó este tango para la película titulada “El alma del Bandoneón” estrenada en 1936, aunque se hizo claramente popular con la versión realizada por el cantante Julio Sosa, también denominado “El Varón del Tango”. Otros como Carlos Gardel, Serrat, Ismael Serrano o Julio Iglesias también se han atrevido a interpretarlo.

Censurado en diversas ocasiones, este tema se ganó el derecho de ser una de las más brillantes creaciones musicales de crítica. Los primeros en acobardarse por la letra de la pieza musical fueron los que estuvieron detrás del Ministerio de Educación en la Argentina de 1943. Y los últimos, los que andaban cortando la libertad de expresión durante la Dictadura Miliar de 1976. Lo que está claro es que algo de razón tendría la letra si se molestaban tanto en su censura, ¿o no?

“Qué falta de respeto,
qué atropello a la razón,
cualquiera es un señor,
cualquiera es un ladrón.
Mezclaos con Stravisky,
van Don Bosco y la Mignon,
don Chicho y Napoleón,
Carnera y San Martín.
Igual que en la vidriera irrespetuos,
de los cambalaches
se ha mezclao la vida,
y herida por un sable sin remaches
ves llorar la Biblia contra un calefón”.

El párrafo expuesto anteriormente posee una fuerte carga crítica.  Discépolo trata como iguales a personajes completamente diferentes que parecen cohabitar en una misma esfera de cambalache aún cuando pertenecen a mundos y lugares que no coinciden en el tiempo.

Hablamos del cambalache, querido lector. O, dicho de otra forma, para aquellos que no terminen de comprender este término coloquial argentino… de la estafa, del engaño, de la corrupción.

Y releyendo estas palabras que trajo al mundo Discépolo, uno se pregunta… ¿estamos destinados a que la historia se repita una y otra vez?

“¡Siglo veinte, cambalache
problemático y febril…
El que no llora no mama
y el que no roba es un gil!
¡Dale nomás! ¡Dale que va!
¡Que allá en el horno
se vamo a encontrar!
¡No pienses más séntate a un lao,
que a nadie importa
si naciste honrao!
Que es lo mismo el que labura
noche y día como un buey,
que el que vive de las minas,
que el que roba, que el que mata
o está fuera de la ley.”

 Y es que ya lo decía Discépolo nada más comenzar la que se convirtió en su obra maestra… la que se ha convertido en estos instantes en la lección más importante de tu vida, querido lector: “Que el mundo fue y será una porquería, ya lo sé, en el quinientos seis y en el dos mil también”. Y da igual que nos comuniquemos con señales de humo o a través de WhatsApp, da igual que creamos que somos civilizados porque “siempre ha habido chorros, maquiavelos y estafaos, contentos y amargaos, valores y dublé…”

Y si el siglo XX “es un despliegue de maldá insolente” y “ya no hay quién lo niegue”, tampoco nadie puede girar la cabeza en este siglo XXI, en este nuevo siglo de la tecnología y el progreso, en el que en realidad vivir, lo que es vivir… “Vivimos revolcaos en un merengue y en un mismo lodo todos manoseaos…”

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