Una gran pluma crítica: Mariano José de Larra

Somos satíricos porque queremos criticar abusos, porque quisiéramos contribuir con nuestras débiles fuerzas a la perfección posible de la sociedad a que tenemos la honra de pertenecer (Mariano José de Larra: De la sátira y de los satíricos)

A algunos les puede resultar extraño consagrar una entrada del blog “arte vs poder” a un autor que, sobre todo, fue periodista. Pero para quien conoce bien la trayectoria de Larra seguramente resultará del todo menos sorprendente. Primero, porque no fue sólo un periodista; también hizo teatro y novela. Y segundo, porque la categoría de sus trabajos periodísticos hacen que sea estudiado como un gran autor de la literatura y la lengua castellana (no en vano, los autores de la generación del 98 lo proclamaron como “uno de sus progenitores literarios”). Porque en sus artículos de costumbres utilizó el idioma castellano como un arma para la crítica.

Larra fue un hombre de vida intensa, pues falleció –o mejor dicho, se suicidó- joven, muy joven, con 27 años. Pese a lo temprano de su muerte, es todo un clásico en la prensa y en la literatura romántica hispana. En los apenas diez años que estuvo activo pudo erigirse como una de las principales figuras periodísticas. Además fue un hombre de iniciativa, pues fundó dos periódicos: El duende satírico (1828) y El pobrecito hablador (1832-1833). Llegó incluso a entrar en política, presentándose como diputado en 1836.

Vivió en un periodo histórico intenso, en el cual un nuevo régimen quería abrirse paso ante un régimen antiguo. Primero vivió la conocida como Década Ominosa (1823-1833), aquella en la que, tras el trienio liberal en el que se aplicó la constitución de 1812, Fernando VII (que pasaría de ser el “Deseado” al “Rey Felón”) reestableció el absolutismo. A la muerte de ese rey estalló la Primera Guerra Carlista (1833-1840), en la que los elementos tradicionalistas se alinearon con el pretendiente Carlos María Isidro, lo que ocasionó que Isabel II fueran paulatinamente acercándose a los sectores más liberales, a fin de obtener su apoyo para su causa.

En ese contexto desarrolló su carrera Mariano José de Larra, un liberal que pasó de la esperanza al desengaño, lo que le llevó a criticar la política y la sociedad de su época. Larra es sinónimo de crítica. De crítica ácida. De crítica satírica. De crítica punzante. De crítica aguda que sabía dar en la línea de flotación, no sólo de un sistema político, sino también de una sociedad anquilosada. Que sabía mostrar las miserias de la vida política y de la sociedad. Sus textos ofrecen un sinfín de imágenes esperpénticas. Y lo hizo a través de sus artículos de costumbres, que vieron la luz en distintos periódicos. No podemos dejar de mencionar su célebre “Vuelva usted mañana”, en donde criticó la burocracia y la pereza (“¡ay de aquel mañana que no ha de llegar jamás!”), y para colmo bautizó irónicamente al pobre visitante francés como “Sans-délai”; sin demora. O su “Los barateros o el desafío y la pena de muerte”, en donde denunciaba las diferencias ante la ley. O su rebelión frente a la introspectiva y decadente frase “En este país”, mediante la que se pretendía justificar todo lo malo. O el magnífico retrato que hizo de su época y su país, caracterizándolos con una palabra: cuasi.

Lean a Larra, pues se divertirán y podrán observar demasiados paralelismos (¿o deberíamos decir cuasi-paralelismos?) con nuestros tiempos actuales. Y si lo dejan para mañana, que no sea ese mañana que no ha de llegar jamás.

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