MASACRE DEL 9 DE ABRIL, de Débora Arango

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DÉBORA ARANGO PÉREZ
Masacre del 9 de abril, 1948
Acuarela
77 x 57 cm
Museo de Arte Moderno, Medellín (Colombia)

Débora Arango (Medellín, 1907 – Envigado, 2005), pintora y acuarelista, estudió en el colegio María Auxiliadora de Medellín, con las monjas salesianas, y fue una de las hermanas quien advirtió el talento de la niña Débora y la instó firmemente a dedicarse al arte. Arango pronto encontró su mentor en el muralista colombiano, y director de la Escuela de Bellas Artes de Medellín, Pedro Nel Gómez (1899-1984). La artista quedó impresionada con el trabajo del maestro: sus frescos, aquel aire revolucionario en su estilo, la expresividad en sus obras…

A sus 32 años, Débora exhibió, aún bajo la tutela de Gómez y por primera vez en la historia de la pintura de su país, un par de desnudos que desataron el escándalo en la sociedad de su tiempo. Aunque las críticas sobrevinieron en aluvión. La joven artista no solo se había atrevido a pintar desnudos sino que, en adelante, dedicaría su audacia y energía a la denuncia social, motivada, en gran parte, por los violentos episodios que acontecieron en la ciudad de Bogotá el 9 de abril de 1948, conocidos con el nombre de El Bogotazo e iniciados tras el indigno asesinato del candidato liberal a la presidencia de Colombia, Jorge Eliécer Gaitán, por Juan Roa Sierra, el cual fue engullido ipso facto por las fauces de una muchedumbre más que encolerizada.

Débora reconstruyó los terribles hechos arriba referidos en su acuarela “Masacre del 9 de abril”; no fue testigo ocular de los acontecimientos pero sí capaz de plasmar en esta obra la sordidez y crueldad que como verdaderas armas de aniquilación devastaron la ciudad.
En la escena, situada frente a una iglesia, liberales y conservadores empuñan el terror y, a su paso, siembran la muerte. También el sarcasmo, a través de los gruesos y expresivos trazos de Arango, se abre paso entre la turba: curas y monjas partícipes de la confusión; intentando huir, al parecer, de una masa feroz de irracionalidades. La indignación y la crítica se hicieron visibles, el cambio al que clamaban ya era otra historia.

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