Un mundo orwelliano

Hacer un blog sobre arte contra el poder y no mencionar a Orwell es, si no un sacrilegio, si una falta grave. Y es que pocos autores han criticado más al poder y a las tiranías que el británico George Orwell. Pocas plumas han sido más certeras a la hora de retratarnos los totalitarismos. Orwell era un hombre de izquierdas. Pero ello no le hizo impidió ver los horrores que cometían aquellos que decían defender su causa. Algo que pudo observar en la Guerra Civil española. Los horrores que algunos que decían defender la causa republicana contra otros que también lo hacían le abrió los ojos de la barbarie. Y no sólo eso. Le animó a coger la pluma y denunciar los horrores de los totalitarismos, vinieran de donde vinieran, se escudaran en la ideología que se escudaran, fueran de izquierdas o de derechas.

¿Qué decir de su obra? Que es un referente para todo aquel que tenga conciencia. Para todo aquel que decida pensar por sí mismo, no que los demás piensen por uno. De verdad, lean a Orwell, por favor. ¿Porque podemos decir algo sobre 1984 o Rebelión en el granja que no se haya escrito ya? Seguramente no. Y es que el impacto de Orwell trasciende su propia obra. Incluso gente que no conoce la conoce utiliza conceptos que él acuñó, como la neolengua, o el Gran Hermano. Incluso algunos políticos llegan a mencionarlo. Aunque menos conocido, tan o más trascedente para este blog resulta su breve texto ¿Por qué escribo? Una declaración de intenciones, en donde Orwell exponía los cuatro motivos que le llevaron a escribir. El primero era “el egoísmo absoluto”. El segundo, el “entusiasmo estético”. El tercero, que ya se va acercando a nuestro interés, el “Impulso histórico”: el deseo de mirar los hechos, y registrarlos para la posterioridad. Pero el cuarto motivo es el que nos interesa: “El propósito político”, o lo que es lo mismo, el “deseo de orientar el mundo en una dirección, de alterar la idea de otra persona sobre la clase de sociedad por la cual hay que luchar”. ¿Acaso no es precisamente lo que pretendemos recoger aquí? Y precisamente Orwell tenía claro cuál era la dirección hacia la que quería orientar el mundo: lejos, muy lejos de los totalitarismos.

Pero podemos estar tranquilos. Estamos en un periodo donde teóricamente los totalitarismos han desaparecido. Han pasado treinta años desde aquel 1984. Y, afortunadamente, las proyecciones de Orwell no se han cumplido, ¿verdad? Porque hoy podemos estar tranquilos: no hay ninguna entidad ni nada por el estilo que pretenda controlarnos; no existe el Gran Hermano. Porque no hay ningún gobierno o autoridad que quiera manipular el lenguaje y torsionarlo hasta decir mentiras o medias verdades, haciéndolas pasar por verdades cuasi-únicas; no hay una neolengua. Porque no se utilizan eufemismos, ni aquellos que propugnan la guerra se autoproclaman defensores de la paz. Porque no vivimos en un mundo de iguales, pero donde unos son más iguales que otros. Por tantas y tantas cosas, podemos estar tranquilos. No vivimos en un mundo orwelliano, ¿verdad? Lean a Orwell y lo descubrirán.

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